VARA DE MANDO DE MANUEL AZAÑA

Manuel Azaña Díaz (1880 - 1940) fue una de las personalidades más importantes de la primera mitad del siglo XX en España. Político, intelectual, escritor y periodista, fue presidente de la Segunda República entre 1936 y 1939.

En abril de 1931, tras la caída de la dictadura de Primo de Rivera, Azaña participó como miembro destacado del comité revolucionario que contribuyó a instaurar la Segunda República en España. Fue ministro de la Guerra y, posteriormente, presidente del Consejo de Ministros entre 1931 y 1933. Durante este período, destacan medidas para promover las reformas agraria y militar, un Estado laico y el estatuto de autonomía para Cataluña. Azaña recuperó algunas de las ideas que Emilio Castelar había defendido en vida, como la descentralización territorial compatible con la unidad nacional, la regeneración ciudadana a partir de la educación, el progreso social, la defensa de la democracia y la legalidad republicana.

A lo largo de su etapa como presidente, en nuestra ciudad se finaliza la construcción de las primeras Escuelas Graduadas (hoy colegio público Padre Manjón), se inaugura el monumento en honor a Emilio Castelar en la plaza del mismo nombre, se concluye la nueva estación de ferrocarril de Elda-Petrel y se erige el Cuartel de la Guardia Civil.

 

Tras su cese en septiembre de 1933 por el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, Azaña formará en 1934 el partido Izquierda Republicana que, dentro de la coalición del Frente Popular, ganará las elecciones de febrero de 1936. El 10 de mayo de 1936, una vez destituido Alcalá Zamora, fue nombrado presidente de la República. Ostentó este cargo hasta los últimos meses de la Guerra Civil, un conflicto que marcó profundamente su mandato. A principios de 1939 dimitió y se exilió con parte de su familia a Francia, donde falleció poco tiempo después, en 1940.

Fuente Foto: Ed. Arribas

Del exilio a Elda. La vara de mando de Manuel Azaña

La vara de mando es un símbolo protocolario tradicional que representa la autoridad de un cargo público. La vara de mando del presidente Manuel Azaña, signo del máximo poder institucional republicano, se expone en Elda como reflejo de la trascendencia de nuestra ciudad en varios momentos de la historia de la Segunda República (1931-1939).

Se trata de una pieza de madera, de 93 centímetros de longitud y 1,5 centímetros de diámetro, revestida con una resina que imita el carey. En su extremo superior posee una empuñadura metálica, dorada y grabada con la inicial M. Bajo este puño, dos borlas acordonadas de color oro y negro atraviesan un orificio circular con remache metálico dorado. La vara está rematada en su extremo inferior por una punta plateada o regatón. Este objeto, cargado de simbolismo, acompañó a Azaña hasta su muerte en el exilio en Francia (1940).

Hasta llegar a Elda, la vara de mando de Azaña ha recorrido durante décadas un singular viaje por varios lugares del mundo. María Dolores de Rivas Cherif, su viuda, exiliada en México desde 1941, entregó la vara a la Liga Española Pro-Derechos Humanos, entre cuyos fundadores se cuenta a Azaña. En 1997 la vara fue cedida por la Liga al entonces presidente de Portugal, Jorge Sampaio, hasta que finalizara su mandato. Cuando esto sucedió en 2006, la vara fue devuelta a Francisco José Alonso, presidente de la Liga Española Pro-Derechos Humanos. Alonso, que por su cargo mantenía vínculos personales con varios eldenses, eligió Elda como destino del objeto por haber sido escenario final de la Segunda República española. Así, en 2007 la vara pasó a manos del Ayuntamiento de Elda, que la ha conservado hasta la actualidad.

PLACA CONMEMORATIVA DE LA CASA DE CASTELAR

La placa conmemora el lugar donde se situó la casa en la que vivió Emilio Castelar cuando a los escasos 7 años (1839) se trasladó junto con su madre y su hermana a Elda a vivir. Casa que fue su residencia hasta que se trasladó a Madrid (h. 1849) a estudiar en la Universidad.

Fue el 7 de septiembre de 1926, efeméride del 94 aniversario del nacimiento de Castelar, cuando, a instancias del semanario Idella se instaló en la fachada de la casa una placa de bronce con la efigie del gran tribuno, obra del prestigioso escultor alicantino Vicente Bañuls.

La casa original fue derribada con motivo de la apertura y alineación de la calle Colón en un momento impreciso entre 1966 y 1972. Afortunadamente, la placa original logró salvarse siendo recolocada en 1991 en el edificio de nueva construcción que se levanta donde se levantó la casa donde vivió Emilio Castelar sus años de infancia.

EL CASINO ELDENSE

Desde su fundación en marzo de 1901, el Casino Eldense ha jugado un importante papel social y cultural como elemento dinamizador de la sociedad eldense a lo largo de mas de 110 años. Pero, sin lugar a dudas, las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX fueron, en paralelo al desarrollo económico de la sociedad eldense, unos años en los que la institución jugó un importante papel en la historia de Elda.

Como lugar de recreo y ocio de la burguesía empresarial zapatera y de profesiones liberales el Casino Eldense se configuró desde bien pronto como lugar de intercambio de proyecto e ideas. Será en el Casino donde comience a cristalizarse el republicanismo moderado del empresariado zapatero eldense, en oposición a la dictadura del general Primo de Rivera y, por extensión, al viejo régimen caciquil derivado de la Constitución de 1876. Ideales que llevará a un buen nutrido grupo de socios a su ingreso en la masonería y la fundación en 1927 de la logia AMOR, integrada en la Gran Logia Regional del Levante de España y adscrita al Gran Oriente Español.

La proclamación de la República en 1931 permitió continuar con la consolidación y ampliación social de afiliados que, en el periodo comprendido entre 1925 y 1935 alcanzó la cifra de los 1.135 socios, convirtiéndose en el centro social por excelencia de la sociedad eldense. Conferencias, tertulias, conciertos, juego, bailes, puestas de largo, paseos, fiestas, verbenas, etc., fueron actividades frecuentes en aquellos felices años. Importancia social que vino a evidenciarse cuando el 16 de febrero de 1932, durante la visita a Elda de Niceto Alcalá-Zamora, flamante presidente de la República, tras la colocación de la primera piedra del monumento al tribuno y orador eldense Emilio Castelar, fue agasajado en el salón noble del Casino Eldense con un vino de honor, siendo declarado socio honorífico de la institución.

El estallido de la Guerra Civil (1936-1939) supuso la brusca interrupción de la vida del Casino Eldense. Requisado al inicio de la contienda, y dadas sus características arquitectónicas, con espaciosos salones donde albergar hiladas de camas en batería, facilidad para el mantenimiento del orden y la higiene, cómodo acceso desde la calle y amplio y soleado jardín, las autoridades republicanas establecieron en él la denominada Clínica Militar, nº 4, Pabellón C, denominada popularmente como Hospital de Sangre, destinado a albergar a los soldados heridos y convalecientes procedentes del frente. Función sanitaria que mantuvo hasta 1939, cuando, al término del conflicto bélico, el Casino fue restituido a la sociedad propietaria, recobrando su uso como lugar de esparcimiento y distracción, pero ahora de las familias ligadas al régimen de los vencedores.

Un poco de historia

Manuel Azaña

"No me importa que un político no sepa hablar, lo que me preocupa es que no sepa de lo que habla"

Contacto Elda

Oficina de Turismo

Dirección AMFI

SE PUEDE IR DIRECTAMENTE A LA OFICINA DEL PARKING DEL MERCADO CENTRAL DE ELDA. (gestionado por amfi)

Organizado por:

Translate »